lunes, 12 de septiembre de 2011

EL TRIUNFO DE LA PAZ

Han pasado más de 10 años de la sangrienta época vivida por nuestro país, aunque las nuevas generaciones traten de olvidar en muchos casos aminorar los suceso considerándolos como simples guerrillas que no llegaron a ser  trascendentes.

Las universidades nacionales fueron los primeros focos subversivos, esto es razonable por cuanto dentro de ellos es común las asociaciones y grupos políticos tratando de lograr la mayor captación del alumnado en especial ahora les llaman “los perros”  antes se les decía “cachimbos” , pero estos jóvenes quienes por su edad sentían ideales de conseguir un cambio en la sociedad, considerando que muchos provenían de hogares modestos , con resentimientos y deseos de ya no ser los ignorados del gobierno.
En las universidades particulares ,  por el contrario en su mayoría de  ascendencia privilegiada muchos de ellos de clase media o alta, sus ideales se basaban en temas vividos por otros , por la teoría de doctrinas  leídas en libros , entonces sus convicciones  se plasmaron entre el juzgar y criticar .
Estudiar en universidades nacionales en la época terrorista no fue fácil, nadie era ajeno a lo que ocurría , nadie podía decir “no hice nada”  o “no estaba en ese grupo”, porque los agitadores políticos de antes se convirtieron en férreos pilares de una doctrina subversiva , comenzando con la simpatía social de muchos y luego la intimidación con actos violentos dentro y fuera de las universidades,  era común en las aulas cuando de improviso entraban los subversivos sacaban al profesor de su clase y comenzaba el adoctrinamiento, nadie podía salir era peligroso,  algo podía pasarles a ellos o a sus familias, podía ser en los comedores, en los patios , no podían ignorarlos solo tratar de convivir hasta terminar la carrera , que por los paros y protestas los años académicos se hacían más largos.
Los jóvenes captados tenían clara su consigna de entregarse en cuerpo y alma, según la ideología de sus líderes, renunciaron así a las reglas de un orden establecido para seguir por cuenta y riesgo el estilo de vida basado en la destrucción y muerte.
Todos los estudiantes sabían lo que pasaba, pero casi nadie hablaba de esto son sus familias, simplemente callaban, pero en las protestas en las acciones terroristas tenían que estar o con un poco suerte esquivar, en muchos había un pregunta latente, ¿cuándo acabara esto?
La autonomía universitaria fue el piso que permitió estas violaciones contra la libertad de pensamiento de muchos jóvenes que no estaban de acuerdo, los protestantes y subversivos, hacían destrozos en las calles y entraban como un refugio o escondite en las aulas universitarias, y la fuerzas del orden no podían entrar. Aun ahora después de tantos años ningún ex estudiante hablaría al respecto, el  temor siempre quedara.
El terror creció, aumento y se desplazo con prontitud en especial hacia los sectores más indefensos del interior del país, miles de campesinos huían de sus casas con lo que tenían puesto perdían sus hogares, sus campos, sus animales, muchos dejando a sus familiares y amigos, entre la tortura y la muerte.
Mientras tanto la capital, siguiendo con su cultura egoísta del “no es mi problema no me importa”, un congreso dedicado a la interpelación  y pérdida de tiempo sin importarles la sangre que se derrama a diario en el Perú profundo,  no obstante que cuando llego a Lima veíamos en las calles cadáveres de funcionarios, dirigentes, políticos, empresarios, ni aun así buscaron  parar esta ola de sangre.
Abimael Guzmán profesor universitario de la universidad de Huamanga en Ayacucho, fue  el iniciador de esta barbarie, dedicándose posteriormente a esta guerra interna que asolo al Perú por mas de 10 años, triunfaba con cada atentado, pero  él no vivía en un sector marginal de la clase social que tanto decía defender,  el vivía con sus allegados en una zona exclusiva de Lima, en Surco.
Alberto Fujimori adopto medidas de emergencia, severas pero  realistas,  dio facultades a nuestras fuerzas armadas  para de una vez por todas acabar con la insurrección, estábamos en guerra declarada, morían a diarios inocentes y culpables, era momento de terminar con la agonía y no convertirnos en otra Colombia.
Abimael Guzmán fue capturado el 12 de setiembre de 1992, cuando lo apresaron  en su cómoda residencia de Chacarilla, se atrevió a decir “las ideas nunca morirán”.
Esta última frase es un mensaje  a  los jóvenes de hoy ,  para no ser corderitos de ideologías que buscan un mundo perfecto o justo en base a las armas, al enfrentamiento,  odio, venganza  y  resentimiento social entre los peruanos.
La mejor arma para vencer la injusticia social es la tan novedosa palabra  impuesta en estos tiempos “Inclusión social”, una integración que solo puede ser lograda  con el adecuado cumplimiento de los principios y valores,  día a día por cada uno de nosotros, en nuestro hogar,  en la calle, centro de estudios, trabajo, en nuestra sociedad, en nuestro país, solo necesitábamos un toque de tolerancia, comprensión y justicia entre nosotros.


INGENIERO ALBERTO FUJIMORI

GRACIAS POR SU VALOR ANTE LA ADVERSIDAD!
GRACIAS POR LA PACIFICACIÓN!



Sofía